Jar-din

moon-garden2Hacía una noche de perros, tenía que cubrir la posta mas alejada de toda la Cujae desde la medianoche hasta las siete de la mañana. Hacía por lo menos veinte años que no llovía así, o por lo menos eso me parecía (aunque no podía estar seguro de los tres primeros años de mi vida, de ahi quedan pocos recuerdos).

Estaba solito en medio de los mosquitos y los circuitos integrados rusos del taller de prototipos de la facultad de eléctrica, cuidando. Por suerte pude llegar al interruptor de la lámpara del portal, donde el sofoco era menor. Ahí me senté con el libro que llevaba para esa noche y que no me entusiasmaba mucho: Jardín de Dulce María.

Nunca había leido nada de esta mujer, que se murió tan sola en su casona de la Habana después de haber ganado cuanto premio literario existiese en la lengua española. Me parecía que bastante ajeno a mi debía ser lo escrito por ella en un año tan lejano como 1935. ¡Sorpresa!, aquel libro me abdujo toda la noche, estuve absorto leyendo sobre las idas y venidas de Bárbara por el jardín, me asomé con ella a la ciudad y desesperé con las cartas.

Inconsientemente Barbará me marcó como personaje, con su intangibilidad, la imposibilidad de situarla en tiempo y espacio pero a la vez su unversabilidad como personaje mitológico femenino. Hay unas cuantas Bárbaras por ahí.

Hace poco @lolitovc me recordó esos días y desempolvé Jardín. Ahora me lo estoy leyendo de nuevo y descubro un monton de cosas que antes no vi.

Published in: on noviembre 11, 2008 at 9:10 pm  Comments (1)  
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One Comment

  1. Desempolvar Jardín fue inmediato, ese mismo día, lo rescaté del librero, leí otra vez algunas de esas cartas…, quizás te acompañe en la relectura, quizás escriba cómo descubrí Jardín, cómo “encontré” a Dulce María…, cómo me acompaña…


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